Reflexiones: La «bendita» pintura joven (I).

Por: Teresa del Conde
 
Por contraposición, el título de este artículo está inspirado en un libro de Héctor Manjarrez, La maldita pintura, que a mí me produjo grata impresión cuando se publicó en 2004. Está dedicado a Vicente Rojo.
 
Me informé de la vigencia en el Museo Tamayo de la 15 Bienal al asistir a la muestra Índice pictórico 74-89, en la Fundación Sebastián, que ha acogido recuentos pictóricos de artistas jóvenes con la coordinación de Valentina Olmedo y Juan Alberto Alcántara, quienes eligieron ese contingente con el propósito de dialogar entre ellos y mostrarlo a quien se interese, las cifras refieren a autores nacidos todos entre 1974 y 1989. La diferencia principal estriba en que en Índice... todos los participantes son del Distrito Federal, y en la Bienal Tamayo hay un contingente amplio de representantes de otras entidades: Guadalajara y Guanajuato principalmente. Salvo excepciones, las edades de los seleccionados coinciden aproximadamente con los de Índice... El jurado de la Bienal, integrado por Carmen Cebreros, Melanie Smith, Teresa Velázquez y Germán Venegas, a quienes se unió para el resultado final Jorge Contreras, pareciera haberse congratulado en eliminar de la selección a artistas de mayor edad, todos de trayectoria muy reconodida, cosa que he venido a saber a partir de los propios candidatos a participar e incluso de haber observado algunas piezas. Eso es prejuicio, creo, porque la Bienal Tamayo no es un salón exclusivamente joven ni amateur. Antes al contrario, es el principal escaparate de la pintura que hoy por hoy se hace en el país. ¿Por qué eludir a quienes conocen del asunto?

La diferencia principal entre los dos conjuntos de obras estriba en que en Índice pictórico priva la figuración (por cierto, hay mucho retrato), además de una tónica en cierto modo dibujística en obras la mayoría de formato mediano o pequeño, debido a la reducción de espacio a la que finalmente tuvo que someterse, en cambio, la Bienal Tamayo es pródiga en formatos más amplios, aunque también hay obras de pequeñas dimensiones que ciertamente, en cuanto a efecto, no se achican frente a otras.

Creo que en cuanto a exploraciones pictóricas, sea de materiales, técnicas, etcétera, las muestras son equivalentes: si se juntaran en un mismo espacio, sería difícil, si no es que imposible, diferenciar las participaciones en una y otra, excluyendo quizá dos obras: la tal vez demasiado típica de Roberto Rébora, premiada en la Tamayo, y la de Boris Viskin, no premiada y ni siquiera mencionada, pero sin duda uno de los trabajos más pensados y apreciables del conjunto, dotada además de una atinada espectacularidad propia para ser exhibida en un salón de pintura.
 
La pintura no es, desde hace décadas, mainstream, situación que la pone en competencia con las expresiones llamadas conceptuales, aunque la buena pintura siempre es y ha sido conceptual, verdad de Perogrullo. La novedad de la pintura que pretende ser conceptualista está vigente en ambas muestras, pero me temo que no siempre con los mejores resultados. Por cierto que hay mayor conceptualismo en Índice... que en la Bienal. ¿Puede deberse a que todos los artistas que concurren en Índice... provienen ya sea de la Escuela Nacional de Artes Plásticas que de la Esmeralda? ¿Qué nos podría decir la observación de los trabajos en ambas muestras?

La verdad, no hay diferencias radicales en cuanto a lo que pudiéramos denominar manejo sutil y detallado del oficio, pero como eso no basta en ningún caso, ni aun cuando se hace gala de evidente virtuosismo, como ocurre en las dos obras de Otto Cazares en Índice... y en las de Franklin Collao, Omar Rodríguez Graham y Humberto R., en la Tamayo, poco pretenciosas y gratas, diré que estas tres piezas que evitan caer en el minimalismo se centran en lo que pudiera denominarse el rendimiento del objeto, sin acudir al hiperrealismo.

Pienso que en lo que hay que prestar atención es en la idea que parecen haber manejado los autores en compaginación con el resultado que lograron concretar mediante los materiales. Esto último fue motivo de peculiar atención del jurado en la Tamayo, pero también es patente en Índice..., como si algunos autores quisieran rebasar las condiciones, llamémosles convencionales de la pintura, cosa que tiene décadas de hacerse. Por ejemplo: en la Tamayo hay una pieza propuesta como pintura (y es pintura) efectuada totalmente a lápiz sobre madera. Se trata del sin título de Teodoro Zamudio; en tanto, el Santo Sudario, de Víctor Sánchez, en Índice... es relevante en cuanto a enmarcado, montaje y presentación: pero el dibujo de un yacente sobre tela blanca real, separada de la superficie es secundario. ¿Se vale dar mayor importancia a la carrocería que al motor?; sí se vale, pero el caso es que la obra es el dibujo y resulta inoperante, si se compara con el ingenio depositado en la confección, tipo sarcófago transparente.

Texto publicado el 08 de enero de 2013 en el Periódico La Jornada.
http://www.jornada.unam.mx/2013/01/08/cultura/a06a1cul