La pintura como exploración espacial

Por: Blanca González Rosas

Una magna exposición de Pintura Contemporánea Alemana debería ser el cierre del Año dual Alemania-México 2016-2017. Una muestra que tuviera como antecedente a Gerhard Richter y que, en sus distintas secciones, abordara a la famosa Escuela de Leipzig con obras pasadas y recientes de Neo-Rauch, a pintores tan atrevidos como Franz Ackermann, a expansionistas de la disciplina como Katharina Grosse, y a jóvenes con audaces lenguajes como Daniel Richter y Jonas Burgert entre otros. Dirigida a un público general, este proyecto daría un servicio especial a los pintores emergentes que necesitan mirar y analizar directamente pintura contemporánea original, inteligente y de fuerte impacto estético.

En México, el escenario que sustenta, difunde y legitima las prácticas pictóricas es muy adverso para los artistas. Débil desde la enseñanza de la disciplina, se vuelve sumamente complejo en el proceso de inclusión al sistema de legitimación, circulación y comercialización. ¿De qué sirven apoyos a la creación si no existen programas que faciliten la exhibición, confrontación y venta de las obras subvencionadas?
Por: Blanca González Rosas

En este contexto, la exposición que la joven pintora Valentina Olmedo presenta en la Fundación Sebastián, en la Ciudad de México, es interesante y valiosa. Arquitecta y también artista visual de formación, Olmedo se ha dedicado, desde el inicio de su trayectoria, a la investigación de la espacialidad pictórica. Diferente -aún cuando vinculada- al espacio pictórico, la espacialidad incide en la percepción ilusionista de profundidades y volúmenes que guían la mirada en todas las dimensiones de la pintura, incluyendo un falso adentro y un verdadero afuera.

Después de explorar la espacialidad a través de escenas urbanas que, con puentes y escaleras, se desarmaban en planos degradados en tonos entre el blanco y el negro, la artista ha optado por una vigorosa plasticidad que alterna bidimensionalidad y tridimensionalidad a partir de formatos, relieves, huecos y composiciones basadas en atrevidos colores y repetitivos signos gráficos. Admiradora y estudiosa de los norteamericanos Frank Stella (1936) y Jonathan Lasker (1948), Olmedo ha logrado construir una propuesta que evidencia sus dos pasiones: la arquitectura y la pintura.

Construidas a partir de formatos protagónicos que a manera de siluetas recortadas rebasan y alteran la estructura característica del cuadro, las 16 obras de la exposición, titulada Polimorfismos, invierten la percepción convencional de la ilusión pictórica haciendo que la tridimensión parezca bidimensión. Oscilantes entre la maqueta escultórica, el relieve y el objeto pictórico, los polimorfismos se imponen a través de campos policromáticos de textura muy plana que, con veladuras y distintos signos gráficos, provocan un tenso y ágil movimiento visual.

Distanciada cada vez más de sus referentes, la obra de Valentina Olmedo comprueba que en México sí existe la exploración pictórica, aún cuando su exhibición sea casi nula.

Texto publicado en la Revista Proceso No. 2077 el 21 de agosto de 2016