Polimorfismos*

Por: Ulises García Ponce de León. 

La pintura contemporánea no tiene fecha de nacimiento ni tampoco definición. Esta flexibilidad ha permitido que una abundante diversidad de piezas  coincidan en diferentes exposiciones, eventos, publicaciones, programas de televisión, bienales, ferias de arte, catálogos, páginas de internet, etc. Su crecimiento se desarrolla como una maleza desordenada y desorientada. La vecindad entre los autores es discontinua y frecuentemente tóxica. Sobre este desorden la única relación que guardan las obras entre sí es que primeramente han sido pintadas recientemente y que todas ellas enuncian a la “pintura” como un valor.

Ante este escenario, el mercado del arte es el único sistema de valores sobreviviente. La crítica de arte, el museo, la difusión cultural y la academia tienen cada vez mas una atracción sino es que una fascinación por las relaciones de la oferta y la demanda. La obra de arte emergente se vuelve noticia por el precio que alcanzó en una subasta y no por sus cualidades estéticas. Una vez que el museo, la crítica y la academia han cedido su autoridad al mercado como la figura rectora de la cultura, no extraña que esta contemporaneidad en pintura sea esencialmente acéfala. 

Pese a esta circunstancia tan desfavorable para el pensamiento pictórico, la obra que nos presenta la pintora Valentina Olmedo en “Polimorfismos” es una lectura estructurada y audaz, donde la abstracción encuentra su agenda para este siglo.

La primera abstracción en la historia de la pintura fue un proceso sintético: la abreviación de una realidad visual externa al cuadro de la que participan las primeras vanguardias. La segunda abstracción es estilística: reconoce como única realidad los atributos pictóricos organizados en una manera específica. Y la tercera abstracción de la que participa nuestra autora, es la problemática: establecer una composición relacionando estilos y problemas pictóricos diversos.

Sobre este cuerpo de trabajo es que confluye la abstracción geométrica con la abstracción orgánica y de ahí se deriva esa composición en planos, con las inserciones agresivas de los triángulos, con los círculos y los óvalos que crean ondulaciones que figuran lo acuático y eventualmente también una línea que funciona como marco para volver a introducirse en el centro de la composición hasta llegar a construir un formato irregular en donde no nos queda claro si el formato proviene del centro hacia los límites o de los límites hacia al centro. Por su parte, la paleta  timbrada y brillante cambia de una tonal a magra. Y los planos de color pueden ser el soporte de otra secuencia cromática gracias a los puntos de color. Se trata de un espacio construido de espacios para devenir en forma. Y por lo mismo se trata de un cuerpo de trabajo heterodoxo que busca darle sistematización y estructura a lo diverso. Una pintura que ha conseguido por el fragmento y el contraste un espacio  de confluencias organizadas.

La genealogía de la pintura de Valentina Olmedo la encontramos en la poco advertida pintura de los años 90 cuyos autores más destacados serían Jonathan Lasker, Juan Uslé y Luis Gordillo, entre otros. Así como también podemos ver los ecos de la obra de Roy Lichteinstein, Valerio Adami y David Hockney. Simultáneo a la pintura de Olmedo podemos encontrar autores con una línea de trabajo semejante como Trudy Benson, Erin Mcsauney, Joanne Greenbaum y Anselm Reyle entre otros. Y sobre todas estas influencias y confluencias es imposible explicarnos la pintura de Olmedo sin la obra de Frank Stella como la plataforma que le daría el punto de partida a esta obra y con la que lograría desarrollar mas claramente lo que nuestra pintora había iniciado en su segunda exposición individual “Paisajes geométricos” que expuso en el 2012 en el Centro Cultural  Juan Rulfo.

La formación de arquitecto es en buena medida lo que le ha permitido a Valentina Olmedo encontrar en la estructura, la clave para desarrollar este proyecto. Y por otra parte, la actividad docente es lo que la lleva a un pensamiento crítico y actualizado de permanente cuestionamiento en su trabajo, de modo que su tránsito de ida y vuelta entre la figuración y la abstracción no debe extrañarnos en modo alguno ya que, a diferencia de otras posturas en la abstracción, la ortodoxia no está dentro de sus intenciones.

La flexibilidad organizada que le permite estructurar lo diverso, está muy lejos de la fragmentación postmoderna que buscaba el eclecticismo en un fallido sistema de imágenes en donde la adulteración de la pintura clásica y pintura moderna, con folklorismo y mass media  no tenía ninguna dimensión pictórico-histórica  por lo que quedó encapsulada como pintura de época ante la ausencia de un pensamiento visual estructurado.

Para finalizar diría que “Polimorfismos” de Valentina Olmedo es una reflexión lúcida y temeraria. No será difícil ver que esta exposición tenga efectos en las obras de otros autores,  pero los espectadores de esta muestra serán testigos que fue esta joven pintora la que creó esta propuesta generosa.

*Con este texto se presentó la exposición "Polimorfismos", inaugurada primero en la Fundación Sebastián de la Ciudad de México el 04 de agosto de 2016 y posteriormente en Intero, en la ciudad de Houston Texas el 20 de mayo de 2017 .