La lira y el pincel

Por: Blanca González Rosas

Tanto por la propuesta de exposición como por su contenido, La lira y el pincel es una interesante y atractiva muestra que confirma, una vez más, la vitalidad de las prácticas pictóricas mexicanas; en concreto, de la pintura actual o emergente.
 
Organizada y protagonizada por tres creadores que cursan el último semestre de la licenciatura en artes plásticas, la muestra, emplazada en la galería de la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda en la Ciudad de México, destaca por la seria experimentación, el pulcro oficio y la sorprendente factura de las piezas expuestas. Emparentadas con algunas inquietudes internacionales que se manifiestan en la realización de paisajes -urbanos, fantásticos, irreales- y en la búsqueda de un diálogo -o un aprendizaje- con los clásicos lenguajes pictóricos de otras épocas, la mayoría sobresalen tanto por la particularidad de sus resoluciones como por la asimilación del entorno cotidiano en la sintaxis de cada autor.
 
Pertenecientes a la generación 2000-2005, Valentina Olmedo, Viviana Rivera y Rodolfo Morales se formaron durante los años en los que en La Esmeralda predominó la preferencia por los lenguajes neoconceptuales y, en consecuencia, el desprecio por la pintura. Ante esta circunstancia, además de haberse replegado en una especie de movimiento de resistencia -que consistió en la interacción colectiva a través de un trabajo obsesivo y una reflexión permanente-, los tres creadores optaron por organizar, al final de su carrera, una exposición con el objetivo de "revalorar el oficio del pintor para volver a la tradición desde una visión contemporánea".
 
Con una inteligente museografía que al carecer de cédulas técnicas obliga al espectador a centrar su mirada en las obras, los tres creadores presentan un conjunto de aproximadamente 100 óleos de pequeño y mediano formato que, en algunos casos, están organizados en polípticos.
 
Coincidentes con esa inquietud esencial de la pintura contemporánea que consiste en eludir la representación y centrar la atención y las posibilidades de expresión únicamente en los recursos de la pintura -materia y forma-, los tres creadores abordan el problema del espacio pictórico a través de temáticas y miradas relacionadas con la cotidianidad como la ciudad, el ámbito familiar, la inocencia, la seducción y el juego.
 
Con una atracción especial hacia la sensibilidad delirante, simbólica y exuberante del barroquismo centroeuropeo del italiano Tiépolo (1696-1770), Viviana Rivera expone una serie de óleos realizados en formatos ovalados, circulares y cuadrados, los cuales, bajo el título de Alegoría de las cosas que nunca existieron, presentan espléndidas escenas de paisajes celestes y terrenales en los que animales y personajes femeninos y masculinos contemporáneos conviven, exhibiendo pictóricamente la ambigüedad de la representación.
 
También con referencias explícitas a la pintura expresionista de siglos pasados, Rodolfo Morales fusiona el violento movimiento de la pintura de El Greco (1544-1614) en paisajes urbanos contemporáneos, que también evocan a Van Gogh (1853-1890). Interesado en deconstruir la imagen tecnológica y la seriedad del convencionalismo artístico, morales también experimenta en la deconstrucción pictórica de fijos de video en los que, a través de la ambigüedad de las pinceladas, convierte la inocencia de su hija disfrazada de coneja en una extraña e inasible perversidad.
 
Y, por último, la propuesta de la arquitecta y pintora Valentina Olmedo quien, en un lenguaje neorrealista intervenido con referencias geométricas neomodernistas y discretas evocaciones a la pintura de David Hockney (1937), reconstruye pictóricamente imágenes fotográficas de los segundos pisos del periférico en la Ciudad de México, que intentan reproducir los ángulos a través de los cuales se les percibe cotidianamente. Una propuesta menos arriesgada es su concepción, ya que su relación con los paisajes urbanos fragmentados de la pintura actual promovida por el mainstream, es demasiado directa.
 
Sin embargo, en su totalidad, tanto la muestra como su contenido son un excelente ejemplo del potencial estético y artístico que caracteriza a la pintura mexicana, tanto a la actual como a la contemporánea.
 
 
Texto publicado en la Revista Proceso No. 1490 el 22 de mayo de 2005. http://hemeroteca.proceso.com.mx/?page_id=278958&a51dc26366d99bb5fa29cea4747565fec=194682